Los Bosques, un tesoro a preservar

Los árboles como las encinas, sabinas, castaños, robles o hayas son un tesoro a preservar y han sido venerados y cuidados desde la Antigüedad. En este artículo podemos ver en que estado se encuentran estos árboles nuestros bosques mediterráneos.Bosques

Bosques indefensos y en mal estado de conservación

La asociación conservacionista WWF/Adena ha promovido recientemente un importante estudio para delimitar los mejores y más desprotegidos bosques españoles. En una iniciativa similar, la Unidad de Botánica de la Universidad Autónoma de Madrid ha realizado un informe cartográfico de los bosques españoles en el que ha invertido dos años. Ambas investigaciones han generado una herramienta muy útil para planificar la protección de nuestros bosques, estableciendo las prioridades de conservación. El estudio de WWF/Adena, el más actualizado sobre el estado de los bosques en España, determina las carencias de protección y el estado de conservación de los diferentes tipos de bosques. Propone, entre otras medidas, la protección inmediata de 205 bosques a través de su inclusión en la Red Natura 2000 de la Directiva de Hábitats.

Árboles mal conservados y sin protección

En las masas forestales españolas destaca la mala conservación de los encinares (de los 5,5 millones de hectáreas existentes, sólo 260.000 pueden considerarse de gran calidad). Pero además, el grado de protección de nuestros bosques es lamentable: sólo el 8% de todos los tipos de bosques posee alguna protección. Las formaciones con menores proporciones de superficies bien conservadas son, por su importancia en el paisaje ibérico, los encinares (sólo el 5% bien conservados), sabinares (sólo el 7%), pinares de pino resinero (7%) y castañares (2%).

Sólo los pinsapares y quejigales andaluces tienen un satisfactorio (90%) nivel de superficie protegida. En Canarias, donde el espacio forestal protegido alcanza el 59%, no se han observado grandes carencias en la protección de los bosques, aunque debería aumentarse la de los sabinares y adoptar medidas para mejorar su calidad. Las formaciones boscosas con mayores carencias en materia de protección en la península son los melojares (sólo un 2% protegido), sabinares (2%), abedulares (2,7%), quejigales (4%), pinares de pino carrasco (4%), carballeiras (4,2%) y pinares de pino albar (4,5%).

Para WWF/Adena, “la red de espacios protegidos españoles debería tener en cuenta la enorme diversidad de los bosques, y no sólo a su tipología, sino también dentro de cada uno de ellos, recogiendo de esta forma toda la variabilidad genética, florística, faunística y paisajística de cada región española”.

La encina, paisaje de la historia

Desde los albores de los tiempos y hasta la Edad Moderna, la Península Ibérica estaba cubierta por un casi impenetrable bosque dominado por encinas, que albergaba también alcornoques, quejigos y otros robles. Bajo estos árboles crecían jaras, lentiscos, retamas, madroños, labiérnagos, cantuesos, etc., conjunto al que se denomina bosque mediterráneo.

La encina fue, junto con el roble, un árbol sagrado en el mundo mediterráneo. Los celtas totemizaron a la encina, la llamaron Kaërquez, árbol hermoso, que hoy bajo la versión latina de Quercus da nombre científico a este mítico árbol.

Según la leyenda, en la cultura celta los druidas (sacerdotes y sabios de los árboles) danzaban en sus rituales alrededor de las encinas. Símbolo de justicia y fuerza, este árbol formaba también parte de ciertos ritos y creencias a los que los griegos se encomendaban para el conocimiento de lo divino y de lo humano.

Los romanos, por su parte, consagraron la encina a Júpiter, pues la consideraban símbolo de constancia y fidelidad. Y en la obra más importante sobre la agricultura y los montes de la España musulmana, el “Libro de Agricultura”, del sevillano Abu-Zacaría, se dice hay de varias clases: de bellota larga y corta, dulce y amarga.

La encina es un árbol silvestre que nace de suyo en montes entre piedras y en terrenos duros y no duros… y se hace más corpulenta en tierra donde hay agua. Describe asimismo la encina de bellota dulce, con la que se puede hacer pan. Durante siglos, este árbol ha supuesto un magnífico ejemplo de relación armónica entre la naturaleza y el aprovechamiento por el hombre; en los períodos de hambre fue sustento básico, significando en algunos casos la supervivencia de muchas familias.

La encina es, al margen de sus significados simbólicos y culturales a lo largo de la historia y de su aprovechamiento prosaico, uno de nuestros árboles más longevos y hermosos. Ejemplares notables por su tamaño y edad se pueden encontrar en Lecina, que da nombre al pueblo, o Rebollar, ambos en Huesca; la “carrasca de Miramón” en Sigües (Zaragoza) y la “carrasca de Casa Inserte” en Mora de Rubielos (Teruel). Cerca de Peracense, también en Teruel, existe una encina a la que las gentes del lugar atribuyen 1.300 años de vida.

Otras impresionantes encinas son la de Culla (Castellón), la de las tres patas en Mendaza (Navarra), la de Mas de Borbó en L´Aleixar (Tarragona), la de Garai (Vizcaya) y la de Alcoy (Alicante), una encina centenaria situada en una masía a las afueras de la ciudad.

Autor: WWF Adena

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