La Naturaleza Del Nuevo Mundo

Estación Petrolifera

Recientemente entramos en un nuevo siglo, pero también estamos entrando en un nuevo mundo, uno donde los choques entre nuestras demandas y la capacidad de la Tierra para satisfacerlas son ya colisiones diarias. Puede ser otra ola de calor que afecte a la cosecha, otra aldea abandonada debido a la invasión de dunas de arena, u otro acuífero desecado por el bombeo. Si no actuamos rápidamente para invertir las tendencias, estos acontecimientos aparentemente aislados ocurrirán con más y más frecuencia, acumulándode y combinándose para determinar nuestro futuro. Los recursos acumulados durante eones de tiempo geológico se están consumiendo durante una sola esperanza de vida humana. Estamos cruzando umbrales naturales que no podemos ver y estamos violando plazos que no reconocemos. Estos plazos, determinados por la naturaleza, no son negociables políticamente.

La naturaleza tiene muchos límites que descubrimos solamente cuando ya es demasiado tarde. En nuestro mundo de adelantamientos rápidos, aprendemos que los hemos cruzado solamente después de hacerlo, lo que nos deja poco tiempo para reaccionar después. Por ejemplo, cuando excedemos el retén sostenible de la industria pesquera, la pesca comienza a reducirse. Una vez que se cruza este umbral, tenemos un periodo de tiempo limitado durante el cual debemos retroceder y aligerar el retén. Si no podemos respetar este límite, las poblaciones de crías se reducen hasta un umbral donde la industria pesquera no es viable por más tiempo, y se desploma.

Sabemos de civilizaciones anteriores donde los indicadores clave del declive económico eran ambientales, no económicos. Los árboles primero, después fue el suelo, y finalmente la civilización en sí misma. Para los arqueólogos, la secuencia resulta demasiado familiar.

Nuestra situación es hoy mucho más desafiante porque además de bosques que se reducen y de suelos que se erosionan, debemos ocuparnos de los niveles de agua que bajan, de las cada vez más frecuentes olas de calor que marchitan la cosecha, de industrias pesqueras que se derrumban, de desiertos que se amplían, de praderas que se deterioran, de filones coralinos que se mueren, de glaciares que se derriten, del levantamiento de los mares, del cada vez mayor alcance de las tormentas, de especies que desaparecen, y, pronto, de fuentes de petróleo que se reducen. Aunque estas tendencias de destrucción ecológica han sido evidentes durante cierto tiempo, y algunas se han invertido a nivel nacional, ninguna de ellas se ha revertido a nivel global.

“Pasarse y desmoronarse”
El fondo de la cuestión es que el mundo está en lo que los ecólogos llaman un modelo de “pasarse-y-derrumbarse”. La demanda ha excedido la producción sostenible de los sistemas naturales locales incontables veces en tiempos pasados. Ahora, por primera vez, está haciendo lo mismo a nivel global. Los bosques se reducen en el mundo en su totalidad. Los declives de la industria pesquera se extienden. Los prados se están deteriorando en cada continente. Los niveles de agua están cayendo en muchos países. Las emisiones del dióxido de carbono (CO2) exceden el secuestro del CO2.

En 2002, un equipo de científicos liderado por Mathis Wackernagel, que ahora dirije la Global Footprint Network (Red Global de la Huella), concluyó que las demandas colectivas de la humanidad sobrepasaron la capacidad regeneradora de la Tierra por primera vez alrededor del año 1980. Su estudio, publicado por la National Academy of Sciences de Estados Unidos, estimaba que las demandas globales en 1999 excedieron esa capacidad un 20 %. El boquete, creciendo un 1 % o similar cada año, es mucho más ancho ahora. Estamos satisfaciendo demandas actuales consumiendo los activos naturales de la Tierra, fijando el escenario para el declive y el derrumbe.

En una ingeniosa aproximación para calcular la presencia física humana en el planeta, Paul MacCready, el fundador y el presidente de AeroVironment y el diseñador del primer avión activado con energía solar, ha calculado el peso de todos los vertebrados en la Tierra y en el aire. Señala que en los inicios de la agricultura, los seres humanos, su ganado, y el total de animales domésticos juntos representaban menos del 0,1 % del total. Hoy, estima, este grupo contabiliza el 98 % de la biomasa vertebrada total de la Tierra, dejando solamente un 2 % para la porción salvaje, que incluye todos los ciervos, ñus, elefantes, grandes felinos, pájaros, mamíferos pequeños, etc.

Los renos de la isla de St. Matthew
Los ecólogos conocen profundamente el fenómeno de “pasarse-y-derrumbarse”. Uno de sus ejemplos preferidos comenzó en 1944, cuando la Guardia Costera introdujo 29 renos en la alejada isla de St. Matthew en el mar de Bering para que sirivieran como reserva de alimento para los 19 hombres que operaban en una estación de allí. Un año después de que la Segunda Guerra Mundial terminara, se cerró la base y los hombres abandonaron la isla. Cuando el biólogo David Kline del U.S. Fish and Wildlife Service visitó St. Matthew en 1957, descubrió una próspera población de 1.350 renos que se alimentaba de la gruesa capa de líquenes que cubría los 332 km2 de la isla. En ausencia de cualquier depredador, la población estallaba. Antes de 1963, había alcanzado los 6.000 renos. El biólogo volvió a St. Matthew en 1966 y descubrió una isla saturada de esqueletos de reno y no mucho liquen. Solamente sobrevivieron 42 renos: 41 hembras y 1 varón no muy sano. No había cervatillos. Alrededor del año 80 el último reno había muerto.

Como los ciervos en la isla del St. Matthew, estamos también sobreconsumiendo nuestros recursos naturales. Sobrepasarse conlleva a veces declinaciones y a veces a un derrumbe total. No está siempre claro que pasará. En el pasado, un remanente de la población o de la actividad económica sobrevive en un ambiente con los recursos agotados. Por ejemplo, cuando el recurso ambiental básico de la isla de Pascua en el sur del Pacífico descendió, su población bajó de un pico de 20.000 hace varios siglos a la población de hoy de menos de 4.000. En contraste, el establecimiento de los nórdicos durante 500 años en Groenlandia se derrumbó durante el 1400s, desapareciendo enteramente al enfrontarse con la adversidad ambiental.

Demanda insaciable y despreocupación imprudente
A pesar de que la población global está subiendo y los sistemas ambientales de soporte a la economía se están deteriorando, el mundo continua bombeando petróleo con una despreocupación imprudente. Geólogos reconocidos apuntan que la producción petrolífera puede pronto llegar a su máximo y empezar a descender. Aunque nadie sabe exactamente cuándo la producción petrolífera alcanzará su máximo, el abastecimiento se está retrasando ya por detrás de la demanda, conduciendo los precios hacia arriba.

Para afrontar una demanda aparentemente insaciable de combustible automotor, los granjeros querrán convertir en campos cada vez más y más los bosques tropicales restantes para producir caña de azúcar, palma de aceite, y otras cosechas de alto rendimiento como biofuel. Actualmente, miles de millones de dólares de capital privado se están moviendo hacia este objetivo. En efecto, el incremento del precio del petróleo está generando una nueva amenaza masiva a la diversidad biológica de la Tierra.

Garantizar el acceso a las fuentes de recursos: la nueva geopolítica de la escasez
Mientras la demanda de productos agrícolas sube, se está cambiando de lugar el foco de preocupación del comercio internacional del objetivo tradicional de garantizar el acceso a los mercados, a garantizar el acceso a las fuentes. Los países que dependen del grano importado como fuente de alimento están comenzando a preocuparse gravemente porque los compradores para las destilerías de agrocombustibles pueden pujar más por el grano. A medida que la seguridad del petróleo se deteriore, también lo hará la seguridad alimentaria.

A medida que el papel del petróleo retroceda, el proceso de globalización será revertido en sus cimientos. Mientras el mundo daba vueltas sobre el petróleo durante el siglo pasado, la economía de la energía se globalizó cada vez más, con el mundo dependiendo notablemente de un puñado de países en el Oriente Medio como abastecedores de energía. Ahora a medida que en este siglo el mundo gire sobre el viento, las células solares y la energía geotérmica, estamos siendo testigos de la relocalización de la economía de la energía en el mundo.

El mundo está haciendo frente a la aparición de una geopolítica de la escasez, que es ya altamente visible en los esfuerzos de China, India, y otros países en vías de desarrollo de asegurar su acceso a las fuentes de petróleo. En el futuro, la cuestión será quién consigue el acceso no solamente al petróleo de Oriente Medio sinó también al etanol brasileño y al grano norteamericano. Las presiones sobre los recursos de la tierra y del agua, ya excesivos en la mayor parte del mundo, se intensificarán más a medida que la demanda por los biocombustibles sube. Esta nueva geopolítica de la escasez es una manifestación temprana del modelo de civilización de pasarse-y-derrumbase, como el que emergió entre las ciudades mayas que competían por el alimento en los años de declive de esa civilización.

No necesita ser ecólogo para ver que si las actuales tendencias ambientales continúan, la economía global se vendrá abajo. No es conocimiento lo que nos falta. La cuestión es si los gobiernos nacionales pueden estabilizar la población y reestructurar la economía antes que el tiempo se nos eche encima.

Fuente y Fotos: Terra.org

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